Què vol dir educar, al segle XXI?

El pasado 3 de mayo, participé en la conferencia “¿Qué significa educar? Nuevas estrategias pedagógicas“, que organizaba la asociación Informa't BCN. Compartía mesa con Begoña Roman, profesora de la Facultad de Filosofía de la UB. Creo que uno de los aspectos más interesantes de la charla fue la confluencia de perspectivas provenientes de la pedagogía, de la filosofía, de la tecnología y de la praxis educativa. A continuación, reproduzco el contenido de mi intervención, con enlaces a muchas de las referencias que mencioné.

Intervención de Sandro Maccarrone

Creo que la pregunta que nos plantea la organización es muy ambiciosa, y más en estos tiempos líquidos que corren. Por eso, la matizaré un poco y trataré de explicar qué creo yo que significa educar, a principios de siglo XXI.

Como hablaré de tecnología, dejadme que utilice una metáfora computacional para explicar la estructura de mi exposición. Partiré de tres inputs, es decir, de tres premisas, que creo que hay que tener en cuenta para intentar entender por qué se necesitan y por qué son posibles cambios metodológicos en la educación. A continuación presentaré una serie de’outputs sobre cómo se podría redefinir el rol docente, para mejorar los aprendizajes del alumnado.

Lo que pide la “sociedad”

El primer input tiene que ver con qué se debe enseñar en la escuela. ¿Contenidos? Si es así, ¿cuáles? ¿Habilidades? ¿Valores? ¿Competencias? Reproduzco aquí algunas ideas que se pueden encontrar en el prólogo del libro “7 Ideas clave. El desarrollo de la competencia matemática“, de Jesús M ª Goñi. Los planes de estudios reflejan, lo que se considera socialmente necesario que toda persona sepa, para ejercer su ciudadanía. Accepto que decir socialmente, es un poco ambiguo. ¿A qué parte de la sociedad nos referimos? ¿Al poder económico? ¿A la mayoría trabajadora? ¿Al mundo académico? Pues probablemente a aquella parte de la sociedad que es hegemónica en cada momento. De todas maneras, este es un debate que nos alejaría del objetivo central de la charla.

Si he introducido esta cuestión, es para justificar la forma que tienen hoy en día los planes de estudio. Muy esquemáticamente, venimos de una sociedad industrial, donde era necesario que todo el mundo supiera leer y escribir para poder disponer de cierta autonomía social y donde existían unas profesiones cerradas y estables, que requerían el conocimiento de una disciplina con un cuerpo teórico bien definido. En la actual sociedad del conocimiento, vemos que con eso no basta ni para ser ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho ni para desarrollarse profesionalmente en buenas condiciones. Ahora, hay que saber gestionar una gran abundancia informativa, tener iniciativa personal, trabajar·colaborativamente, dominar diferentes canales de comunicación verbales y no verbales y, sobre todo, tener la capacidad de seguir aprendiendo durante toda la vida. Todo esto es lo que ha dado lugar a la introducción del concepto de competencias en el ámbito educativo.

¿Qué es una competencia? Existen diferentes definiciones. Yo daré aquí una simple y clara, que propone la editorial Grao: una competencia es la capacidad de aplicar el conocimiento para resolver de manera eficiente un problema de la vida cotidiana. Esto implica comprender conceptos, dominar procedimientos, ejercer actitudes y disponer de valores. Es decir, lo que se resume como saber, saber hacer, saber estar y saber ser.

Pondré un ejemplo que escuché a’Antoni Zabala, para tratar de aclarar qué quiere decir ser competentes. Supongamos que queremos aprender a hacer una tortilla. No nos bastará con ir a un diccionario y leer la definición. Tampoco con ver una foto, ni siquiera con probar o tocar una real. Tendremos que hacer todo esto para tener claro el concepto de tortilla. Pero también tendremos que aprender su procedimiento de preparación, que primero tenemos que romper los huevos, después batirlos, freírlos, darle la vuelta a la tortilla y ponerla en el plato. Lo podremos hacer con diferentes actitudes, respetando las preferencias de los comensales (muy hecha o poco hecha), limpiando todos los utensilios para que no tenga que hacerlo otra persona, etc. Y también entrarán en juego nuestros valores: por ejemplo, ¿utilizaremos cualquier tipo de huevos o nos fijaremos en si se han producido en condiciones dignas para los animales?

Las competencias son un concepto que viene del ámbito empresarial y que se introducen en el mundo educativo con el’Informe Delors, encargado por la UNESCO, en el año 1996. Desde entonces, los países de la Unión Europea las han ido incorporando a sus planes de estudio. En el caso del estado español, se definen las 8 competencias básicas siguientes, que hay que desarrollar para ejercer una ciudadanía activa y crítica.

Las 8 competencias básicas

Lo que nos sugiere la pedagogía

El segundo input son las indicaciones que nos llegan de la pedagogía y de las neurociencias. Hay propuestas que hoy todavía se ven como grandes innovaciones, pero que tienen su origen en el pensamiento de pedagogos y pedagogas de hace más de 100 años. Basta leer a John Dewey, a Giner de los Ríos, a Francesc Ferrer i Guàrdia, a María Montessori, a Piaget o a Vigotsky. El profesor Pere Marquès, nos ofrece una práctica síntesis de la evolución histórica de la educación, que podéis consultar para tener una visión general sobre el asunto.

Lo que nos sugieren estas personas es que se aprende haciendo, que el alumnado debe tener un rol activo, que son fundamentales la experimentación, la indagación, la interacción directa con la realidad. Sabemos que el conocimiento no es algo que se pueda transmitir como si se tratara de un objeto o de una sustancia. La construcción de nuevo conocimiento requiere un proceso de reelaboración interna, en que lo nuevo se relaciona con lo que ya se sabe. Por lo tanto, es fundamental partir siempre de las ideas previas del alumnado, tenerlas en cuenta y presentar los nuevos contenidos en contextos que les resulten cercanos. También conocemos el valor pedagógico del error y que la evaluación debe ser una herramienta de aprendizaje y no sólo un trámite de certificación. Y, por supuesto,, todas estas cuestiones obligan a repensar el rol docente, que de autoridad indiscutible e infalible, debe convertirse en guía, orientador, organizador de la actividad de los estudiantes.

Por otro lado también debemos tener presentes los últimos desarrollos de la neurociencia, que fundamentan teorías como la de las Inte·ligencias múltiples de Howard Gardner. Según esta teoría la inteligencia·no es una capacidad unidimensional y monolítica. Existen diferentes tipos de inteligencia·desarrolladas y desarrollables en distinto grado en cada persona. Tradicionalmente, en el ámbito académico, se han valorado principalmente dos: la lógico-matemática y la lingüística. En cambio, otras como la interpersonal, la cinestésica, la espacial, etc. no han recibido la misma atención, aunque socialmente y profesionalmente pueden ser igual de útiles. Seguro que todo el mundo conoce a personas que obtenían malos resultados académicos, pero que luego han triunfado en el terreno personal y profesional. ¿Quiere esto decir que para triunfar en la vida no hay que ser·inteligente? Evidentemente, la respuesta puede ser otra: hay diferentes tipos de capacidades y hay que intentar desarrollarlas todas y detectar en qué destaca cada uno, para aprovecharlo.

Lo que nos permite la tecnología

El tercer y último input está relacionado con los cambios tecnológicos y la revolución de Internet. No quiero hacer aquí un repaso exhaustivo de todo lo que permite la tecnología, sino destacar algunos de los elementos que facilitan que muchas de las cuestiones que comentábamos antes se lleven a la práctica.

En primer lugar, la conexión a Internet da acceso a un banco de información extraordinariamente grande, muy superior al que puedan ofrecer docentes, libros de texto o enciclopedias. Es cierto que esta abundancia puede llegar a ser excesiva y se puede producir lo que se conoce como infoxicación. Serán necesarias estrategias de gestión de toda esta información, que permitan darle un sentido y, por lo tanto, convertirla en conocimiento.

En segundo lugar, disponemos de herramientas para realizar tareas mecánicas y procedimientos simples de forma automática. El cálculo, el procesamiento de datos o la programación de tareas se pueden realizar de forma más rápida y eficiente y así se puede emplear el tiempo en actividades de mayor valor didáctico.

En tercer lugar, la interactividad facilita el aprendizaje autónomo del alumnado. Las animaciones y los simuladores, permiten experimentar e investigar fenómenos y situaciones que difícilmente se podrían reproducir en un aula. Pero de hecho, la interactividad ya no queda estrictamente cerrada dentro de los entornos virtuales. La realidad aumentada es un ejemplo de cómo la tecnología permite interactuar con entornos reales. El profesor Jordi Adell, realiza una recopilación de artículos sobre usos educativos de la realidad aumentada, que es una muy buena referencia.

En cuarto lugar, proliferan los entornos y las herramientas que favorecen la·colaboración, la sociabilidad, la interacción asíncrona o en tiempo real. Servicios como los de Google Docs (ahora Google Drive) o Dropbox, son tan simples como potentes. Y las redes sociales tienen un potencial educativo que, desgraciadamente, aún no se ha comprendido en muchos centros educativos.

En quinto lugar, el boom de las aplicaciones ha puesto al alcance de todos herramientas para dar salida a la creatividad. Podemos grabar vídeo y audio, diseñar pósters, dibujar un cómic, realizar una web o un blog, sin tener muchos conocimientos técnicos.

¿Quiere decir todo esto que la introducción de tecnología en las aulas es garantía de un cambio metodológico? Evidentemente, no. Se pueden utilizar nuevas herramientas para seguir haciendo exactamente lo mismo. O para hacerlo peor, dado que la información se presenta de manera más dispersa.

Cambio de rol docente

Retomo aquí la pregunta inicial: ¿qué quiere decir educar a comienzos del siglo XXI? Para mí,, significa aprovechar el potencial tecnológico, para mejorar las metodologías de enseñanza y aprendizaje. Esto implica un replanteamiento del rol docente. No creo que exista ninguna receta ni modelo cerrado sobre cómo hacerlo, sería demasiado pretencioso. Pero sí me gustaría apuntar algunas ideas fuerza, que me parece que apuntan en esta dirección.

Primera idea: automatizar procesos mecánicos

De esta manera, liberaremos tiempo para dedicarlo a tareas más importantes desde el punto de vista educativo. Podemos utilizar actividades autoevaluables para mantener un seguimiento de la ejercitación del alumnado; planificar exámenes y actividades con Google Calendar; tomar notas con EverNote… La automatización puede llegar hasta las propias lecciones magistrales, que se pueden grabar y poner a disposición de la clase. Esto es lo que se desprende de ejemplos como la Khan Academy, un plan completo de lecciones en vídeo, que está disponible en la red. Su creador, Salman Khan, nos habla de ella en su charla TED. En esta misma línea, encontramos la experiencia de la flipped classroom o clase invertida, en que docentes de los Estados Unidos, se han dedicado a grabar sus clases en vídeo para que los alumnos puedan mirar en casa, a su ritmo y las veces que haga falta. En cambio, en el aula, dedican el tiempo a realizar actividades de aprendizaje. Este modelo es rompedor, pero no necesariamente conlleva una revolución educativa, tal como nos cuenta Fran Iglesias.

Segunda idea: actuar como intermediadores críticos de contenidos

Si queremos aprovechar el potencial de la información disponible en la red, debemos filtrarla, seleccionarla y clasificarla. Estas son algunas de las habilidades que caracterizan lo que se ha llamado content curator o intermediador crítico del conocimiento. El papel de guía de los docentes, también consiste en dar pautas sobre dónde y cómo buscar información sobre un tema concreto y en elaborar recopilaciones de páginas y recursos de interés. Para llevar a cabo esta tarea pueden ser útiles los servicios de marcadores sociales, como Delicious o Diigo, que sirven para guardar páginas favoritas y compartirlas. Ahora bien, no sólo es necesario que nosotros filtremos los contenidos, también, y sobre todo, hay que enseñar al alumnado cómo hacerlo.

Tercera idea: diseñar actividades de aprendizaje

Cuando la mayoría de las respuestas parecen estar al alcance de un clic, lo más importante son las preguntas. Aquí es donde entra en juego la intencionalidad didáctica: no basta con poner al alumnado en contacto con la realidad y esperar a que empiece a construir conocimientos. Hay que proponerle cosas para hacer. Veámoslo con un ejemplo sencillo: una actividad de observación. Podemos proyectar en la pizarra la foto de un paisaje de montaña y pedir a la clase que haga una descripción. Posiblemente habrá resultados interesantes, pero quizás no estaremos focalizando nuestros objetivos de aprendizaje. Si, por ejemplo, queremos trabajar el clima alpino, pediremos que describan cómo va vestida la gente, de qué color son los techos de las casas, cómo es la vegetación. Si lo que nos interesa es la historia geológica, preguntaremos por la forma de las montañas, por el tipo de rocas y por otros accidentes geográficos. Y si lo que estamos estudiando son propiamente las técnicas fotográficas, haremos que se fijen en el color, en la luz y en el encuadre. Pensar buenas actividades no es una tarea nada fácil. La buena noticia es que en Internet disponemos de gran cantidad de simuladores, animaciones, bases de datos y herramientas de creación, que nos pueden servir de estímulo.

Cuarta idea: potenciar las capacidades de cada alumno o alumna

Dicho de otra manera, asumir que la atención a la diversidad no solo significa proponer ejercicios de diferentes dificultades. Dejadme que reproduzca una anécdota que Ken Robinson explica en su charla TED. Gillian Lynne era una niña, que en los años 30 del siglo pasado, tenía problemas en la escuela. El profesorado decía que no se concentraba, que se movía continuamente y que distraía a sus compañeros y compañeras. Hoy en día, habría tenido todos los síntomas, para que se le diagnosticara un TDAH. La madre la llevó a un especialista y, durante la visita, este le dijo lo siguiente: “Tu madre me ha contado lo que te pasa. Ahora tenemos que ir a la habitación de al lado a hablar en privado. Espéranos aquí”. Antes de salir, dejaron la radio encendida. Se sentaron en la habitación contigua y, desde allí, la estuvieron observando. En cuanto se quedó sola, la niña empezó a bailar como una loca. El médico se dirigió a la madre y le dijo: “Su hija no está enferma: su hija es bailarina. Llévela a una escuela de danza”. Así lo hizo y Gillian Lynne se convirtió en una admirada bailarina del prestigioso Royal Ballet y en la coreógrafa de famosos musicales como Cats o El fantasma de la ópera.

Quinta idea: organizar la ·inteligencia·colectiva

Esta es una idea que defiende a menudo, Dolors Reig, por ejemplo en su último libro, Socionomía, que aprovecho para recomendar. En el capítulo 7, nos explica que diversos estudios parecen indicar que los grupos suelen tomar buenas decisiones, a veces mejores que las de expertos profesionales. Y eso incluso cuando muchas de las personas integrantes sólo disponen de un conocimiento superficial sobre el problema a resolver. Existen diferentes experiencias en las que se está poniendo en práctica la ·inteligencia·colectiva, como los modelos de producción descentralizada de coches de Local Motors o la plataforma de salud 2.0, PatientsLikeMe. Vale la pena por lo tanto, que el trabajo·colaborativo, sea ​​una práctica habitual en nuestras clases. Y no sólo en nuestras clases, también entre diferentes clases y entre diferentes centros educativos. Esta forma de trabajar requiere un intercambio entre iguales, donde todo el mundo aporte su conocimiento. Pero eso no quiere decir que funcione de manera espontánea. Requiere también una organización y una dinamización y aquí es donde entramos en juego nosotros como docentes.

En la práctica

Es fácil pensar cómo cambiar la educación en abstracto, pero hay que tener muy presente cuáles son los condicionantes prácticos. Los centros necesitan recursos tecnológicos y la formación docente debe mejorar, pero también hay que flexibilizar los horarios, los espacios y los grupos, resolver la ambigüedad contenidos / competencias de los currículums y cambiar los sistemas de evaluación. Sin todo ello, es difícil que el voluntarismo de unas pocas personas consiga cambios profundos. Pero por alguna parte hay que empezar.

Para acabar, quiero recomendar el debate virtual De la sociedad 1.0 a la sociedad 3.0: ¿escuelas 1.0 para formar estudiantes 3.0?, organizado hace unos días, por Educared. En él, Dolors Reig, Anibal de la Torre y John Moravec, se encargan de situar el horizonte de la innovación educativa diez pasos más allá de lo que lo he intentado hacer yo.

10 Comentarios

  1. José de la Peña (@ Sandopen)

    El post me ha resultado muy interesante y con referencias muy útiles (muchas que no conocía y me apunto). Creo que ya hemos pasado la etapa de las soluciones mágicas y basadas en un solo cambio (del tipo de la Khan Academy) y el debate del cambio educativo debe ser más rico y lo que es más importante ha de partir de la situación actual y ha de ser posible pasar del hoy al horizonte propuesto de un modo evolutivo, de otro modo no será posible hacerlo dado el entorno económico en el que estamos. Propongo que se enumeren una serie de pequeños cambios accesibles y vayan tratándose como etapas en un camino, así, al cabo de un tiempo el cambio será radical pero su proceso para llegar al mismo habrá sido casi imperceptible.

    Veo además un elemento NO negativo en esta dura etapa de austeridad, al haber menos medios para dispositivos la importancia transformadora del profesor vuelve a resaltar. El cambio no vendrá de los dispositivos o de su cantidad sino del modo en que el profesor organice los recursos de los que disponga, y cada vez son más, y el modo en que los use o estimule el uso por parte de los alumnos. El centro del cambio vuelve a ser el profesor no la tecnología, y siempre debió ser así. …….Pero como decían a Spiderman, “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”

    1. smaccarrone

      José, muchas gracias por tu comentario, que he tardado mucho en contestar.
      Me alegra que encontraras enlaces interesantes y que compartamos la misma opinión sobre supuestas recetas mágicas para la innovación educativa.

      En cambio, tengo una visión algo diferente respecto a la cuestión de la austeridad. Por un lado, si bien es cierto que la clave no está en la tecnología, también creo que esto ayuda. En mi centro, hay cursos 1×1 y cursos que solo tienen proyector en el aula. Al trabajar con estos segundos, siempre me vienen a la mente actividades con un buen potencial de aprendizaje, Al tal fin, se debe desechar, porque requeriría que cada alumno y cada alumna dispusieran de ordenador.

      Pero, sobre todo, creo que un elemento clave de la mejora educativa está en la atención personalizada al alumnado. Esto requeriría una ratio profesor/alumnos más baja, mientras que las medidas de austeridad, empujan en sentido contrario.

    1. smaccarrone

      Gracias por el comentario Roberto.

      El motor es la tarea docente y el catalizador principal yo creo que es la pérdida de miedo. Como suele repetir, creo que la actitud 2.0 consiste en ser humilde, pero atreverse con todo.

      Un saludo

  2. José Luis Castillo (@ Jlcastilloch)

    Me ha encantado que me dieras un toque para tratar de aportar algo al post. Y he tardado algunos días porque creo que la buena organización de las ideas, y su documentación, se merecen mucho más que un comentario de aliño o un mero “¡Genial!”. Creo se abre, también aquí, el debate de qué vamos a hacer en los próximos años, sea como sea que venga el futuro (que esa es otra…).

    1) Creo que es una buena idea expresar el problema en términos de “inputs” y “outputs”. Pero para comprenderlo mejor también necesitamos explicitar las reglas de decisión, la lógica interna del proceso. Que en mi caso son una serie de principios. Pocos. Pero muy claros. Y exigir coherencia a todo el proceso, no en términos de entradas o salidas, sino en términos de cumplimiento de esos principios. Es el procesador el que diferencia a un docente de otro…

    2) Yo quiero cuestionar algo respecto a las competencias. Y es que entiendo que las definiciones al uso suelen estar algo incompletas.

    Creo que se habla mucho de movlizar conocimientos para tratar un problema o tomar una decisión. Pero creo que se habla poco de optimizar la movilización de esos conocimientos. Y es que no se trata de poner en juego todo lo que se sabe, sino una selección. Por tanto, el análisis del contexto, las consecuencias de las posibles decisiones que se puedan tomar, la naturaleza del problema al que se quiera atender cuentan en las competencias. Mucho más que los contenidos. También en las competencias cuenta el aprender a aprender. Porque no conoceremos, en un momento dado todos los conceptos o habilidades que pudiéramos necesitar, pero sí debemos tener alguna herramienta en nuestro bagaje. Y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, creo que son importantes las relaciones entre conceptos. Porque esas nos pueden ayudar a hacer una selección óptima y/o creativa. Y no solo eso. También es posible analizar si es viable aplicar algo, que se sabe que funciona en un contexto, a otro.

    Por tanto, atender a contexto y nuevo contexto, decisión, problema, relaciones, forman parte de la competencia como algo intrínseco, mientras que concepto o habilidad o actitud (algunas, no todas) son contingentes. Creo…

    No todo lo que forma parte de poseer una competencia tiene vocación de permanencia a lo largo del tiempo. Es aquello nuclear, que, probablemente, se vea transformado poco con el paso de las décadas, a lo que debe atender la educación. Creo…

    3) Creo que la idea de competencia es muy interesante porque rompe, parece que de forma definitiva (cruzo los dedos) con el platonismo que afecta a la educación. En el fondo, ha habido un convencimiento durante largo tiempo de que era suficiente exponer al alumnado a la información para que se produjera conocimiento. Incluso ha habido un convencimiento de que comprender y aprender son verbos equivalentes. Y no, no. Requiere todo un trabajo. Profundo. Una organización que conecte comprender con aprender. Y aprender con usar de manera óptima. Todo ese entramado es la competencia. Y ahí, en ese entramado, es donde se sitúa el docente del siglo XXI.

    En ese entramado puede entrar el adiestramiento en ciertas habilidades, descontextualizadas, asimilando repetición y memorización (cuando repetición es una manera de producir memoria, pero no la única ni la más eficiente). Como he visto que se propone en algunos sitios (p.ej. Pere Marques). Pero… Pero yo no me veo ahí. No digo que no se haga; cada cual verá. Digo que no me veo como docente descontextualizado, no entra en los principios que rigen mi actuación profesional. Aunque, por supuesto, no le digo a otros cómo deben actuar.

    4) En el segundo input, el de la pedagogía y la neurobiología, creo que la idea de reelaboración interna es vital. Porque eso es exactamente lo que hace el cerebro para acomodar nuevas ideas: reelaborar sus conexiones, reelaborar sus circuitos neuronales. Y adaptar las neuronas unas a otras para que se sintonicen, para que se activen o inhiban en los momentos adecuados, ajustando su velocidad mediante las vainas de mielina.

    Por eso importa mucho el contexto. Y los conocimientos previos. Y las relaciones entre esos conocimientos previos y los nuevos. Y el objetivo, sea este resolver un problema o tomar una decisión. Porque todo eso lo podemos hacer con un cerebro usado, no con uno nuevo.

    Y es que el cerebro, cuanto más usado, más valor adquiere…

    Recomiendo mucho leer “Why white matter matters”, publicado en Scientific American. Nos puede permitir comprender la idea de reelaboración. http://www.cs.unc.edu/~styner/public/DTI_tutorial/1%20Scientific%20American%202008%20Fields.pdf

    5) En cuanto al tercer input, a lo que nos permite la tecnología, hay algo que has situado como un punto dentro de una lista (el quinto). Y, en realidad, yo creo que se corresponde más bien con un marco dentro del cual se sitúan todos los demás: el que el aprender ya no es una actividad individual, si es que alguna vez lo fue; el que el aprender es un acto social, colectivo, o no es.

    Y eso porque gran parte de nuestro pensamiento sucede en la mente de otros. Y luego nos llega a nosotros. Gran parte de nuestro pensamiento ya ha nacido y está en camino. Es importante establecer las redes externas que permitan que llegue. Y no solo las redes internas que permitan convertirlo en conocimiento cuando accedemos a él.

    Las redes sociales son una extensión de las redes neuronales.

    Por eso creo que automatizar, acompañar e intermediar, crear escenarios, y empoderar, las cuatro cuestiones que indicas, tienen que suceder con un docente que se ocupa de cada una de ellas, pero que también dinamiza la comunidad en la que tienen lugar, en la que aparecen y se desarrollan esas acciones. Sin comunidad de aprendizaje todo esto frena su velocidad y complica la evolución. Con comunidad, y con comunidad dinamizada, cambia drásticamente.

    6) En coherencia con lo anterior, yo añadiría un sexto papel (o un quinto, si aceptamos que todo debe suceder en un marco social): que el docente forme parte de equipos docentes. Y que esos equipos docentes trasciendan la lógica del centro o de la etapa, que es como se suele clasificar a los docentes.

    No tendría mucho sentido pretender dinamizar comunidades sin formar parte de una comunidad de aprendizaje, a su vez…

    7) Una última precisión. Yo no creo que la evaluación sirva para certificar. Es que indicabas, cuando la mencionabas, un “y no solo para certificar”. Yo diría “y sin atender a que pueda emplearse para certificar”.

    Es que creo que la evaluación solo sirve para orientar. Y, sin torcerla de ese objetivo, puede servir para generar evidencias de calificación, de certificación. Pero entiendo que la certificación debe venir más del propio individuo que aprende, que decide qué le representa, qué de lo que produce le sirve para mostrar su conocimiento. El portafolio, más que la opinión docente expresada mediante números.

    Y… bueno… Me he extendido… Creía que el post lo merecía, lo merecía mucho. Espero haber aportado… :)

    1. smaccarrone

      José Luis, aun no te había agradecido el comentario por aquí.

      Ha hecho un montón de interesantes matices (las competencias como uso eficiente del conocimiento, la dimensión colaborativa como un marco general para el resto de actuaciones, etc,) y has introducido también varios elementos que en la intervención no quedaban recogidos, como la necesidad de replantear la evaluación o la importancia de construir y utilizar una red personal de aprendizaje.

      La experiencia del podcast me gustó y aprendí mucho.

      Creo que escribiré una secuela de este artículo, donde incorporaré muchas de las consideraciones que has realizado. Quizás incluso podríamos realizarlo a 4 manos. Un abrazo

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